Hace meses me llego la idea de contribuir en la iglesia en el crecimiento de los adolescentes, he creado algunos talleres donde me llevo sorpresas increíbles, pero hoy te quiero contar de Hugo un joven extraordinario, que conocí en una iglesia, al parecer tiene 28 años, ayer me conto un poco de su vida: Soy de Cd. México, pero viví un tiempo en morelia, un día mi madrastra me llevo a la iglesia, no puse atención, pero creo que sembró en mi la semilla de Dios, participe un tiempo como voluntario, al cambiarme de Cd encontré una iglesia que me encanto y me uní a ellos a servicio, primero con los niños y actualmente estoy dirigiendo el grupo de adolescentes, donde he tenido muchas satisfacciones.
Pude ver su crecimiento, Hugo es un joven con un
talento increíble, y un corazón lleno de amor, el desarrollo en su conocimiento
lo lleva a ser mejor cada día, adoptando una misión de guía espiritual, con
quien se le acerqué.
Hugo les llega a los jóvenes por donde les gusta
música ruidosa, snack delicioso y siembra la semilla que un día sembraron en
él, “esa semilla de Dios en su corazón”, Hugo puede hablar por horas
insistiendo de lo maravilloso que es Dios y del cambio que pueden encontrar
para llevar su vida con dignidad, amor y profesionalismo, refleja en su mirada
un hambre de cambio, de progreso y bienestar para cada uno de los chicos.
Me atrevo a decir que los jóvenes que cruzan la etapa
de la adolescencia inmersos en una iglesia lo notarán en su desarrollo, serán
jóvenes sin miedos y con metas definidas, contribuyendo en la sociedad con
responsabilidad.
No importa la iglesia que sea, las técnicas que
utilizan para guiar a jóvenes a ser mejores funcionan y hace de ellos en gran
parte jóvenes entusiastas, motivados, generosos y responsables en sus actos,
con un amor inmenso a Dios que iluminan a quien se les acerque.
Moraleja
Una chispa de luz
puede ser generada por cualquier persona, nunca dejes de persistir en dirigir a
un joven, tarde que temprano se generara ese entusiasmo a ser mejor, insiste en
su cambio.
Los caminos de la
mano de Dios siempre son iluminados, llenos de amor y paz.
Autor: Diana Engracia

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